Por Giza Almirón*.

El nombre de este paraje del monte chaqueño tiene una historia breve e imprecisa. Cuenta la leyenda que hubo un hombre (según la versión, un militar o un indígena) al que azotaron (como castigo de un error o por rebeldía). Desde entonces, lo llamaban “El Azotado”. Con el tiempo, fue derivando en “El Asustado”. Va el link de Google Maps para que puedan ver dónde queda.

Esta semana vino un grupo de jóvenes a hacer un voluntariado con Monte Adentro. Dos locales y cuatro de España, que están de intercambio universitario en Buenos Aires.

Compartir costumbres, comidas, palabras y, en definitiva, la vida misma, ha sido enriquecedor para ambas partes.

Niñas, niños, adolescentes y mamás aprendieron sobre ciencia, astronomía, España, gastronomía y canciones extranjeras. Curiosidad, diversión, cariño, entusiasmo, ganas de mostrar lo propio y saber del otro. Queda en la gente la sorpresa de ser visitada por personas que vienen de lejos (ya sea Buenos Aires o Europa), la emoción de ser tenida en cuenta aun viviendo en un paraje alejado. «Gracias por haber elegido El Asustado para compartir estos días”, les decían.

Alegria de compartir la vida

Pasa el tiempo y empiezo a ver, detrás de la generosidad y la hospitalidad, las realidades duras. En general, acá la gente tiene agua de pozo o de aljibe (no toda es potable, pero se toma), aunque también hay quien no la tiene y debe ir con baldes o bidones a pedir a otra casa. Mamás con hijas pequeñas, hombres y mujeres mayores. Imaginemos el cansancio de esos brazos y espaldas.

En 2023 hay quienes no tienen agua en sus hogares para lo básico, que es comer y bañarse. ¿Injusticia social? Si leés y tenés ideas de soluciones acuíferas, bienvenidas.

En nuestro país siempre hay anécdotas de recursos que se gestionan y no llegan porque alguien en el camino se quedó con algo (o con todo). Pero hay historias tétricas, inconcebibles. Como que alguien se quede con una computadora destinada a la salita de salud de un paraje, que ayuda a registrar calendarios de vacunación, informes y demás. Como que alguien se trague la plata destinada a una obra para un niño al que le sacaron un riñón, cuyo médico le pidió a la mamá que por favor hicieran un baño dentro de la casa, por una cuestión de higiene.

“La vida es encontrarnos, para eso nacemos, porque el punto más alto es llegar al amor”, Está la puerta abierta (canción de Facundo Cabral).

Un regalo muy lindo de esta semana fue conocer a Brian, un niño de 10 años. Está en silla de ruedas, mueve su cabecita, un poco sus manos y tiene una sonrisa preciosa. Nació con parálisis cerebral. Le gusta ver fútbol y es fan de River. Grita “gol”, dice “mamá”, “papá” y “agua”. Tiene una hermana de 2 años, Francesca. Adri (madre) y Pere (padre) lo tratan con mucho cariño, desde bebé se ocuparon de su salud. Pudo ir un tiempo a una escuela especial, pero es lejos. Hospitales, tratamientos, remedios, educación… todo está lejos.

Teniendo en cuenta las pocas posibilidades en materia de discapacidad, Brian fue bendecido con una familia muy compañera, con mucha garra. Y la familia de Brian fue bendecida con él.

 

  • Coordinadora Comunitaria
Share