Por Ale Gómez Brúa*.
Hace unos meses, en vísperas de Pascua, una familia muy querida sintió el paso del infortunio en carne propia. En medio de la noche, mientras cocinaban unas tortas fritas, su cocina tuvo una falla en la conexión, comenzó a salir fuego de la manguera de gas . En cuestión de segundos las llamas alcanzaron algunos objetos que estaban cerca: bolsas, maderas, algunas sábanas, hasta llegar a la madera de las columnas del ranchito. Todo ardió.
Gracias a Dios, ningún miembro de la familia resultó herido. Llegaron los bomberos y también una ambulancia porque una de las chicas se descompensó por el susto. Cómo esta familia vive a 20km del pueblo más cercano, bien metida en el monte, los servicios tardaron entre una y dos horas en llegar.

Así quedó el lugar
Yo estaba en otra ciudad cuando me enteré de la tragedia. Recuerdo que se me estrujó el corazón. Pero apenas unos minutos después comencé a ver cómo mucha gente que conocía a la familia empezaba a publicar estados de WhatsApp contando el hecho y pidiendo ayuda. Algunos por conocerlos directamente y haberse sentado en su patio a tomar mates y comer torta asada, otros por conocer a sus hijos de la escuela o por las clases de apoyo, y muchos más simplemente por saber que allá lejos, en el monte, a una familia querida por muchos le había ocurrido algo triste.

Celestina con parte de su familia
La solidaridad comenzó a emerger, tejiéndose entre amistades o extendiéndose hasta lugares lejanos, hasta conocidos de conocidos. Siempre es conmovedor ver como un hecho nos despierta. En especial un hecho de dolor. ¿Será que allí nos vemos más hermanos? A lo largo de estos meses distinta gente se dispuso a colaborar y hoy, luego de mucho esfuerzo, su casita ya está camino a reconstruirse.
Siempre es conmovedor ver como un hecho nos despierta.
En especial un hecho de dolor. ¿Será que allí nos vemos más hermanos?
Dos días antes del incendio había nacido un nieto en la familia, justo en la casa de enfrente. Tan pequeño, ya vivió una Pascua junto a los suyos. La Pascua del espíritu humano, que mantuvo de pie a su familia, que se extendió hacia la gente que los conoce, hacia sus amigos, hacia sus vecinos, hacia quienes vieron que la tragedia nunca puede más que la providencia y el amor. Tal vez ese pequeño vivió algo trágico, pero también vivió un abrazo muy grande de gente que, en él y en su familia, vio una luz queriendo encenderse.

Algunos de los materiales donados
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Coordinador Comunitario

