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Por Giza Almirón*.

Llegué el 8 de enero. Camino a mi paraje, El Asustado, pasamos por otro, La Gloria. Coincidió con la fiesta que una familia le estaba haciendo al Gauchito Gil en su día. Un gran costillar y unos tererés. Calor y encuentro.

Mi llegada a El Asustado coincidió con un grupo misionero que estaba hace algunos días. Compartí las tardes de catequesis y misa como una más de la comunidad. Ya soy una “asustadeña” (ese es el gentilicio, según la gente local). A la hora de ir a comulgar en la misa, solo lo hizo una viejita, el grupo misionero y yo.

Le pregunté a una mujer de acá por qué nadie comulgaba: “estamos en infracción”, me respondió. Ella, una mujer comprometida con su comunidad, en pareja y viviendo eso de “en la salud y en la enfermedad”, compañera de su hijo y de su hija en lo cotidiano… no comulga porque no está casada por Iglesia. No entiendo ni comparto que reciban la Eucaristía solo quienes “se portan bien” y que haya personas que “morirán en pecado”.

Me instalé provisoriamente en la vivienda de la salita de salud, hasta que mi lugar definitivo esté acondicionado (o sea, tenga baño). Por ahora no hay cosas para cocinar, así que estuve comiendo en casas de la gente. Menús variados: guisos, empanadas fritas (¡de mondongo!), pan dulce (no con frutas, sino con dulce tipo mermelada), torta frita, pan casero…

“…esta comida de acción de gracias, camino de Emaús, no fue un servicio eclesiástico, sino una comida con personas cansadas de un viaje. Reconocieron a Jesús en la hogareña hospitalidad de la profunda compasión y el compañerismo” – Discernimiento, Henri Nouwen

Lo que sí tengo es un ventilador que tira muy bien, pero para ciertos calores, no hay ventilador que aguante. Las noches son ásperas de calor; sería bueno un mosquitero para poder dormir con las ventanas abiertas. Mosquitos recién empiezan a llegar. Polvorines (o jejenes), miles. El Asustado es “la capital del polvorín” jaja. Te dejan una picazón fea.

Este paraje es como un pueblito muy chiquito, de unas 100 casas incluyendo las que están más retiradas. No hay problemas de inseguridad, podés dejar todo sin llave, tus pertenencias afuera y no te va a faltar nada. Igualmente hay un destacamento policial.

Dos enfermeras locales atienden el puesto de salud. Como podrán imaginar, hacen lo que pueden con lo que tienen. Son prácticamente las salvadoras del lugar, hacen las veces de psicólogas, de trabajadoras sociales, de acompañantes terapéuticas… Si pasa algo que las excede, hay que pedir una ambulancia a Castelli (de donde depende este paraje,
a unos 45 km); no es fácil que llegue y puede demorar horas en hacerlo.

Desde la vetana de mi cuarto: Simona, mi mascota

Esta semana ha sido acto de presencia, conocer a la gente, visitar un poco las casas… probar los platos típicos ja! La gente no me dejará morir de hambre, me alimentan física y espiritualmente. Están pendientes de mí cada día, se preocupan por mi comida, por si me falta algo… La verdadera pobreza es compartir lo que se tiene, no importa si es poco o mucho.

 

  • Coordinadora Comunitaria

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