Por Nico Kasvin*.
El fin de semana vinieron médicos especialistas de Buenos Aires a atender en algunos parajes rurales. La concurrencia fue enorme porque la necesidad es enorme. Cientos de consultas en cada paraje. Mujeres atendiéndose por primera vez en ginecología o niños por primera vez con una odontóloga.
El operativo estaba finalizando en Boquerón, cuando el médico clínico detectó una posible apendicitis en una niña. Van juntos a la sala de ecografía, otra especialidad que había disponible, y salen asegurando que tenía una apendicitis aguda, que ya tenía muchos días así y que podía agravarse.

Muchos tuvieron su primer control oftalmológico
Éramos muchos, pero ya muy cansados y se estaba haciendo de noche. Hubo que activar el pedido de la ambulancia, el cual, nos comentaba Ricardo -enfermo del paraje-, suele demorarse muchísimo ya que está a 35km por camino de tierra y que si ve que el caso no es grave por demás no se llevan al paciente.
El Hospital de Tres Isletas no tiene cirujanos, no tiene equipamiento, no tiene casi médicos ni fármacos. Había que irse rápido a Castelli.
Mi rol fue contactar a la directora del hospital que mucho no podía hacer ni brindar. Pero lo más interesante fue acompañar a la mamá y al papá. No sabían muy bien lo que implicaba una operación así ni la gravedad. Les hice preguntas muy simples e intenté acompañarlos en ese momento: consulté si ambos tenían celulares para mantenerse comunicados y expliqué que la intervención era algo simple pero que había que atender.
Las hermanas de Ivana se pusieron tristes y me preguntaban cuándo iba a volver. El papá me miró muy fijo a los ojos cuando le contaba de la posible duración de toda la cuestión.
La distancia, la falta de servicio y de recursos, me deja muy latente la pregunta de cómo se afrontan tantos otros casos similares.
Sofi, mientras tanto, ordenaba medicamentos que había traído el personal médico e iba dejando las cajas vacías en una bolsa de consorcio. Brenda, una chica del paraje de no más de 11 años, la quiso ayudar con la tarea. Estaba muy contenta en hacerlo. Se divertía. Cuando su familia ya se estaba por volver a la casa, Brenda le consulta a Sofi si se podía llevar esa bolsa con las cajas vacías. La mamá se acercó para preguntar “¿Para qué?”, Brenda sonriendo dijo: “Para jugar».
- Coordinador Regional

